A mi querida yo niña
Aún queda mucho por conocernos, y es una espiral sin fin encontrar ese fuego motivador, esa razón de ser, fuerza vital, proyecto personal, pero el camino sigue y hasta el momento, esto es lo que descubrí:
No quiero ser una exitosa CEO de una empresa multinacional, ni siquiera de una pequeña tienda.
No deseo ser docente y dedicar mis días a viajar de una escuela a otra para sostener la atención de 30 adolescentes berrinchudos o engreídos, en escuelas con pocos recursos y dejadas al azar.
No busco ser la presidenta, intendenta o concejala de cualquier parte del país, poniendo el cuerpo y mi nombre para recibir mediáticas lapidaciones en mi contra.
No me interesa ser la brillante estudiante (aunque lo fuí) de las carreras que quiera estudiar.
No me sale ser la chupamedias de una empresa, marca o laburo, que con tal de recibir el trabajo hace malabares insostenibles a largo plazo para ser bien vista o valorada.
¿Hay algo más que no me interese? Bastante. La lista de la vida no tiene principio ni final.
Quiero algo propio. Y aceptarlo por fin es liberador.
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