A lo largo de mi vida he dejado pasar oportunidades, experiencias y personas por la obsesión con la que vivimos las mujeres: la del amor romántico.
El amor romántico es nuestro opio, es la esperanza de que nuestras vidas van a cambiar, es la ilusión de encontrar al príncipe soñado, que llegará y nos rescatará de la peor pesadilla en la vida de una mujer: la soledad.
Llegará en algún momento mientras esperamos pasivamente, viendo a otras conseguirlo antes y envidiándolas por ello. Mientras tanto, la vida, los años y la juventud van pasando sin esperarnos.
Es difícil notar que estás atrapada, porque en el fondo el deseo supremo es el de ser amada y correspondida, pues la sociedad así nos enseña que debe ser la vida de una dama, de entrega total, de abnegación a los placeres que "rebajan nuestro valor", de concretar el bendito proyecto llamado familia. Me atrevo a decir que el inconsciente de cualquier mujer es manejado por este mandato, antes que cualquier otro.
¿Cuántos chicos perdí de conocer por haber sostenido la esperanza con uno en especial?
¿Cuántos orgasmos dejé pasar por serle fiel a la idea de un amor eterno?
¿Cuánto dinero, tiempo y proyectos perdí por entregarlo todo a una relación que no existía?
Son preguntas que puedes hacerte pero jamás tendrán respuesta, y por ello es menester notar lo que significa en la vida de una mujer la obsesión por el amor. Ponernos en segundo plano en nuestras propias vidas, sucumbir a los deseos del otro, esperar a que decida elegirnos, buscarnos, proponernos una relación, etc. Nos desgasta psicológica y emocionalmente, nos mata en vida, en esa espera pasiva, ilusionada y que nunca termina bien.
¿Puedes notar que al revés nunca es igual? Él no dejará de verse con otras personas, no cancelará proyectos personales, no dejará trabajos o estudios por priorizarte, porque su prioridad es él mismo (y está bien eso) pero ¿Por qué en la mujer esto no es así? Porque el amor romántico es un MITO, sobre todo dirigido hacia nosotras, y que nos pone en un infinito letargo que nos consume por dentro, olvida nuestros deseos, los pone en último plano, hasta llegar a la edad en la que ya no sos deseada, apetecible, o digna de ser amada, ya dejaste "pasar el tren" y por eso tendrás como castigo quedarte sola.

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